Andes Resilientes: el desafío de la consciencia agroclimática en la producción peruana

Felipe Toledo y Maruja Gallardo del proyecto Andes Resilientes señalan los desafíos del desarrollo de una cadena productiva equilibrada y consciente con respecto al cambio climático desde el mundo de la agricultura familiar, así como los esfuerzos que ya se hacen en la región y en Perú en particular.

Hacia un paradigma de equlibrio

 La agricultura familiar es una de las actividades económicas más importantes, no solo porque de ella se sustentan millones de familias de forma directa, sino porque es parte de una cadena que sostiene la seguridad alimentaria del país. A pesar de ello está a merced de muchas contingencias, como ha sucedido con la falta de fertilizantes, y otros factores de fondo como el cambio climático, que la presionan con ciclos más continuos y concentrados de eventos que impiden un desarrollo productivo adecuado.

Para abordar esta problemática, se desarrolla en el país las Jornadas por los Andes Resilientes, un espacio de diálogo, intercambio y reflexión promovido por la cooperación suiza (Helvetas) entre actores gubernamentales de Bolivia, Ecuador y Perú. En él, especialistas y autoridades comparten estrategias e iniciativas que los países andinos desarrollan para la adaptación climática de la agricultura familiar andina.

“La iniciativa surge de la necesidad de respuesta a los campesinos y productores agrícolas del ande de Bolivia, Ecuador y Perú de buscar mejorar sus capacidades y responder de manera resiliente a los impactos del cambio climático, enfocados en el fortalecimiento y articulación de actores nacionales y subnacionales para que articulen respuestas de apoyo al sector rural y mejorar sus procesos de adaptación y resiliencia al cambio climático”, comenta Felipe Toledo, vocero de la Fundación Avina y del consorcio Helveta para el proyecto Andes Resilientes. Reconoce que actualmente enfrentamos en la región un déficit en la producción agropecuaria relacionado con los impactos del cambio climático, por lo que se necesita buscar un balance para mejorar la producción en un entorno que respete al ambiente.

En el caso específico de Perú, Andes Resilientes trabaja con tres ministerios -el de Agricultura y Riego; el del Ambiente; y el de Desarrollo e Inclusión Social-, con los que se busca generar alternativas a problemas como la falta de fertilizantes actual, lo que se ha traducido en iniciativas agroecológicas con la producción local de abonos orgánicos.

Maruja Gallardo, coordinadora nacional en Perú del proyecto, sostiene que también trabajan con el Midagri en el impulso de los compromisos del país con el Convenio Marco de las Naciones Unidas frente al Cambio Climático con medidas de adaptación y mitigación. Estas medidas se relacionan a la producción agropecuaria, el manejo de suelos y la cadena de valor en un panorama de agricultura familiar.

“En el caso peruano y en toda la gestión andina se esperan mayores sequías con más frecuencia e intensidad. También se esperan variaciones en general en el régimen de lluvias; a veces menos o más concentradas en tiempos cortos e intensos que son dañinas para la producción. También variación en temperaturas extremas, máximas y mínimas. Y, sobre todo, es fundamental en toda la región andina y el Perú la disponibilidad hídrica, pues va a haber menor disponibilidad de agua para todos los usos humanos, incluyendo la agricultura. En el caso peruano, por ello, se promueven acciones relacionadas a la siembra y cosecha de agua, gestión territorial, adaptación al cambio climático, agricultura climática inteligente”, agrega, recordando que en Perú son 12 los cultivos en estado vulnerable ante eventos climáticos, como la papa y el maíz.

Acción y compromiso
De esta manera, se han implementado dos plataformas de gestión agroclimática en Perú: una en el distrito de Ácora en Puno, y otra en el valle de Motupe en Lambayeque, que son espacios de encuentro e intercambio entre el Senamhi, Midagri, gobiernos locales, municipalidades distritales en dirección a fortalecer las actividades productivas. Un ejemplo es el uso de los reportes y pronósticos del Senamhi sobre lluvias y condiciones del clima que son canalizados por WhatsApp o mensajes de texto a los agricultores para que tomen decisiones sobre su producción.

La necesidad de llevar adelante una producción consciente con respecto al cambio climático no colisiona con las necesidades que impone una población creciente y el desarrollo de actividades de gran impacto económico como la agroindustria, aun cuando puedan generar dinámicas de monocultivos u otras líneas intensivas que afecten las dinámicas de los suelos, consideran los voceros de Andes Resilientes. Para que el desarrollo sea integral, señalan es necesario que el saber de las comunidades rurales se valore y sea parte de una cadena de producción con un sentido responsable en cuanto a los recursos. “Es importante que todos los actores, sobre todo de la gran industria de alimentos, miren la cadena de producción hacia atrás, es decir de dónde vienen los alimentos”, señala Felipe Toledo. Y pide especialmente que se ponga en relieve el trabajo y saber de las mujeres rurales, ya que condensan buena parte de los conocimientos para la generación de alimentos sanos.

Lo que se espera en adelante es que en esta cruzada aparezcan nuevos recursos y alianzas, con servicios como el de financiamiento que permitan el desarrollo de temas vinculados a la buena gestión del agua y manejo de suelos, una tarea en la que el sector financiero debe tomar nota desde el mundo rural.

Claves
.Las Jornadas por los Andes Resilientes reúne a especialistas y autoridades de Bolivia, Ecuador y Perú. Expertos coinciden que una agricultura resiliente al clima es clave para recuperarnos de la crisis alimentaria actual.

.El aumento en la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos debido al cambio climático pone en grave riesgo a la agricultura familiar en el país, pilar de la provisión de alimentos de la canasta básica.

.Según la FAO, en el 2022 el Perú se ha convertido en el país de la región con el mayor nivel de inseguridad alimentaria, con 2.7 millones de personas con desnutrición y 1.8 millones de mujeres de entre 15 y 49 años con anemia. En este contexto, una agricultura resiliente al clima es clave para recuperarnos de la crisis alimentaria actual.

Fotos Nicolas Villaume, PBA – Helvetas Perú

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