La verdadera reforma agraria

La verdadera reforma agraria

Por: Miguel Palomino, presidente del Instituto de Economía (IPE). Director de la maestría en Finanzas de la Universidad del Pacífico

La verdadera reforma agraria

La verdadera reforma agraria

Por: Miguel Palomino, presidente del Instituto de Economía (IPE). Director de la maestría en Finanzas de la Universidad del Pacífico

(Agraria.pe

La verdadera reforma agraria

, tres cuartas partes se dedica principalmente a la actividad agrícola. El agro es el sector productivo que más gente emplea en el Perú. Por lo tanto, si queremos resolver el problema del empleo en el Perú, tenemos que incluir al sector agrario en esta solución.

Para simplificar, el trabajador del agro peruano puede dividirse, a grandes rasgos, en dos sectores. El primero sería el agro “tradicional”, que corresponde en general al campesino con minifundio y escaso acceso a tecnología. El segundo sería el agro “moderno” que corresponde en general al trabajador asalariado de empresas medianas o grandes con acceso a tecnología. Las cifras nos demuestran lo distinta que es la situación de un trabajador en estos dos sectores.

Un trabajador en el agro tradicional obtiene un ingreso promedio que es aproximadamente un tercio del trabajador del agro moderno y la mitad del trabajador peruano no agrícola promedio. En los últimos 15 años, el empleo en el agro moderno casi se ha triplicado y desde la pandemia el empleo ha aumentado 9%. En contraste, el empleo en el agro tradicional ha aumentado en 30% en los últimos 15 años (menos que la población). Asimismo, en los últimos 12 años la capacidad adquisitiva en el agro moderno ha aumentado 3.4 veces más que en el agro tradicional.

La solución a esta desfavorable situación consiste en elevar sustancialmente la productividad en el agro tradicional. A la larga habrá menos trabajadores en este sector, pero serán mucho más productivos. Este fenómeno se ha visto en la historia de todos los países desarrollados del mundo. Como ejemplo, hace un siglo, cerca de un tercio de la población de los Estados Unidos se dedicaba a la agricultura. Hoy esa cifra es de menos de 2 por ciento, y aun así, la producción agrícola ha aumentado muchísimo.

¿Cómo lograr esta transformación del agro en el Perú? ¿Será necesaria una reforma agraria? Si por esto se entiende aumentar el acceso a tecnología, seguramente ayude, pero más sencillo resulta seguir insistiendo con lo que ya se ha venido logrando en los 20 años previos, cuando realmente se transformó el agro (de parte) del Perú. Veamos las cifras.

¡Las exportaciones agrícolas no tradicionales se han multiplicado veinte veces en los últimos 20 años! La tierra cultivada por la agricultura moderna en Piura, Lambayeque, La Libertad, Lima e Ica se ha triplicado en los últimos 15 años. El Perú es hoy uno de los tres principales exportadores del mundo de ocho productos agrícolas (arándanos, uvas, paltas, alcachofas, espárragos, mandarinas, mangos y jengibre) y va camino a serlo en varios otros productos. Esto es posible porque el Perú es hoy internacionalmente competitivo y puede exportar gran cantidad de productos que tienen al mundo entero de destino.

Las políticas adoptadas desde el sector público que contribuyeron decisivamente a este resultado son regulaciones laborales acorde con la estacionalidad de la producción, el fortalecimiento de las capacidades técnicas de las agencias de control fitosanitarias y la firma de tratados de libre comercio, sin los cuales no podríamos exportar. Las medidas recientes del gobierno, sin embargo, parecen estar dirigidas a evitar que un sector, que ha demostrado ser tremendamente exitoso, continúe progresando. A la vez, se encuentran paralizados grandes proyectos de irrigación como Chavimochic y Majes Siguas.

Si la mejora en la calidad de vida de los millones de trabajadores hoy agrícolas es la prioridad, como se dijo en campaña electoral, la ruta debería estar clara. Existen los recursos y la experiencia de los últimos años. Lo que falta, como en tantos otros casos, es simplemente un poco de voluntad.

Fuente: La República

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